miércoles, 9 de noviembre de 2016

jueves, 21 de abril de 2016

Making of: "Bruselas, Testigo del Terror"

El corazón del mundo late últimamente en Bruselas y de ahí mi entrada de hoy:


Hace unos cuantos días que volvimos de Bélgica y hace bastante más que llevo pensando en escribir una entrada sobre todo lo que vivimos allí. ¡Y, por fin, llegó el día! Después de presentar el reportaje ante el tribunal tengo un poco de tiempo libre. Algo raro en mí, ya que el máster ocupa prácticamente todas las horas de nuestro día a día. De hecho, ¡todavía tengo pendiente una entrada sobre todo lo que estoy viviendo este año, que no es poco! 


Presentación de los reportajes ante el tribunal. 
No obstante, eso no quitó que nos tocara correr delante de los manifestantes y que viéramos como algunos compañeros de otros medios eran golpeados. Fue una situación de tensión máxima, que dudo que algún día vuelva a repetir, pero que creo que me hizo aprender mucho. Miento si digo que no pasé miedo al ver a todos esos individuos lanzar cosas con la cara tapada, que no me sentí en peligro, y que no tuve ganas de dejarlo todo y salir corriendo. Pero ya era tarde. Estábamos rodeados de antidisturbios que nos impedían salir para evitar que nos golpearan. No obstante, aunque hubiéramos podido salir... creo que no lo hubiera hecho. La adrenalina que corría por nuestras venas nos empujaba a seguir adelante y nos hacía ver el peligro muy, muy pequeño. Aunque ahora visto desde fuera, me doy cuenta de lo arriesgado que pudo llegar a ser.


En el aeropuerto, tuvimos que pasar por miles de controles de seguridad.
Pero volviendo al tema de hoy... ¿Qué me llevó de nuevo hasta Bruselas? La respuesta es sencilla: un reportaje. Teníamos que realizar un proyecto y dejarlo listo para emitir en una TV. Así que, a principios de marzo, elegimos como tema de nuestro reportaje la Fuga de Cerebros, ya que es un tema que me toca de cerca (y a muchos de los que leéis este blog también). Decidimos que, para realizarlo, tendríamos que viajar hasta un país que haya estado acogiendo a muchos españoles durante la crisis y qué mejor que hacerlo en Bruselas, capital de Europa y una de mis segundas casas. Lo que no sabíamos todavía es que una breaking new nos esperaba a la vuelta de la esquina. 



Pocos días después de comprar el vuelo, en plena semana santa, tuvieron lugar los atentados en el aeropuerto en el que aterrizaríamos poco después y nuestra vena periodística nos hizo cambiar el rumbo de nuestro reportaje. ¡La actualidad manda! Ya teníamos toda la búsqueda de información realizada y todas las fuentes contactadas para el otro reportaje, pero algo nos decía que no podíamos viajar a Bruselas y estar mirando hacia otro lado. ¡Nos cancelaron los vuelos a Zaventem y tuvimos que volar a Lieja! Cada vez era más evidente: ¡teníamos que abandonar lo seguro por lo incierto e ir en busca de la noticia! Y así lo hicimos...


Y la verdad es que ha sido una experiencia estupenda, tanto a nivel personal como profesional. Conseguimos unas entrevistas increíbles: entrevistamos al conductor español del metro de Bruselas que iba conduciendo el convoy que iba justo detrás del de las explosiones y nos desplazamos hasta el domicilio de los terroristas del aeropuerto para hablar con su vecino. Además, estuvimos cubriendo diversas manifestaciones (tanto pacíficas, como violentas) al lado de grandes medios como Telecinco, Antena 3, Euronews o la NBC, entre otros. Además, vivimos situaciones que dudo que algún día vuelva a vivir: nos metimos en la manifestación como periodistas y en pocos segundos nos vimos rodeados de agentes antidisturbios que nos protegían del comportamiento violento de los manifestantes. 








Era la primera vez que volvía a esta ciudad, después de que hubiera sido mi casa durante casi un año, y a decir verdad la encontré casi igual. Habían pasado casi mil días desde que la dejé pero casi nada había cambiado, excepto que dejé una Bruselas multicultural y tranquila, y que volví a una Bruselas revolucionada y con religiones y barrios enfrentados. Aunque, a pesar de todo, la esencia de la ciudad continuaba intacta. 




Me encantó volver a pasear por sus calles y recordar mi año Erasmus. ¡Si hasta estuve en el IHECS y me encontré con algunos de sus estudiantes cubriendo la misma noticia que yo y me realizaron una entrevista! El cazador, cazado. Además, el viaje me sirvió para darme cuenta de lo relativa que es la distancia: lo lejos que me sentía de casa cuando vivía allí y lo cerca que me sentía ahora después de haber vivido en Nueva York.
Volver a recordar cómo comenzó todo en esos adoquines y regresar al año que supuso un punto de inflexión en mi vida y que la hizo girar 360º. Y una frase que se repetía mil veces en mi cabeza: NUNCA VUELVE QUIEN SE FUE, AUNQUE VUELVA, ya que ni yo era la misma que cuando dejé la ciudad; ni volvió a Madrid, la misma persona que se fue cuatro días antes. ¡Demasiadas cosas vividas! Y es que resultaba sobrecogedor ver cómo la ciudad se ha volcado con las víctimas y todos los mensajes de ánimo y de optimismo que se podían leer escritos con tizas en sus calles y edificios. 




Tu resterás la belle.
Bruxelles, ma belle. 
Hate is a tool of power. 
La vie est belge. 
Make love, not war.
Pas au nom de l'Islam.
Brussels is love. 
Love against fear.
Bruxelles ne meurt jamais.
Love is the solution. 
Pace is going to win.
Peu importe la religion et la couleur.
Nous sommes ici pour s'aimer. 
One religion of love.
Je suis Bruxelles.





Además de todos los homenajes a las víctimas, muchas personas se daban cita en la Plaza de La Bolsa en concentraciones pacíficas, en las que se cantaban canciones en honor a las víctimas y como un llamamiento a la paz. Después de todos estos años y de todas las ciudades en las que he vivido, nunca había visto algo así y la verdad es que me conmovió. 

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Y antes de acabar quiero contar algo que me llamó la atención y que merece ser destacado. Todavía se me pone la piel de gallina al recordarlo. Estábamos en la manifestación de Molenbeek (manifestación fascista con el objetivo de expulsar a los musulmanes de Bruselas), cuando un Audi blanco consiguió burlar a los antidisturbios y arremetió contra ellos. Éstos intentaron detenerlo a base de palos pero no fue posible. Ante esta situación el conductor aceleró y en su huida se llevó a una mujer musulmana por delante. La atropelló y se dió a la fuga. ¡Una vez más me volví a sentir como si estuviera dentro de una película!



Se oían gritos, gente corriendo y órdenes de los agentes de la paz (que aparte de lidiar con los manifestantes también tenían que hacerlo con nosotros: la prensa); cuando de repente comenzó a mezclarse la sirena de la ambulancia que llegaba con la melodía de Imagine de John Lenon, que un vecino había decidido poner con el volumen al máximo para que este himno de paz fuera escuchado en toda la calle. Esto fue posiblemente una de las cosas más emotivas que he visto en toda mi vida y que me hizo creer que, después de todas las violencia que había visto durante la manifestación, todavía podía tener alguna esperanza en el género humano. 


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Cuatro días después de nuestra llegada, volvíamos a España -después de pasar por una gran cantidad de controles en el aeropuerto, con perro incluido- sintiéndonos muy realizados y afortunados por haber podido vivir esta experiencia. Y desde aquí me gustaría agradecer a todos los que han hecho posible este reportaje y este viaje. A las personas que nos contaron sus testimonios. A mis amigos Neri y Ángel que nos acogieron en su maravilloso appartement de Bruxelles







Y a mi grandísimo amigo y compañero de batalla (nunca mejor dicho). El mejor camera man que podría desear, con el que formo un grandísimo equipo. ¡Por muchas más aventuras como ésta, y porque esto no hay hecho más que comenzar!



Y esperamos poder compartir el resultado, muy pronto, con todos vosotros. Y volver a pasarme por aquí para contaros con detenimiento cómo va el master y todo lo que estamos haciendo y aprendiendo. Y espero de verdad, que mi próxima entrada no tenga nada que ver con el sabor de impotencia que te dejan los atentados, como estas dos últimas.



Merci, Bruxelles! 
No volverán a pasar tres años hasta que nos volvamos a encontrar. 
I promise. 
Carmela.
...la vie est belge.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Aujourd'hui et toujours, en France et n'importe où!

C Lopez 
Me vais a perdonar que deje de lado la temática de este blog, pero me veo obligada a hacer referencia a los atentados terroristas que tuvieron lugar ayer por la noche en la capital francesa. Hace tiempo que no escribo de estas cosas; no obstante, hoy lo necesito. Parafraseando a uno de mis poetas favoritos: "no es placer, es necesidad".

Debería de estar escribiendo un monólogo para mi primera clase de creatividad del lunes, pero no me puedo concentrar con todo lo que está viviendo el país vecino. Supongo que por algún lado tenía que salir mi vena periodística, ¿no? Llevo todo el día delante del televisor y siguiendo minuto a minuto los sucesos a través de las redes sociales... y me está costando separarme de ellas. Así que ya que no podía concentrarme y siempre he creído mucho en el poder terapéutico de las palabras he decidido hacer esta entrada. Para poco puede servir, pero la verdad es que necesito vaciar mi mente para poder ponerme con otra cosa. 

Anoche cuando vi por primera vez, en la página de Facebook de un diario francés, la noticia de los fusilamientos en la sala de conciertos Bataclan pensé que había sido un hecho aislado, como ocurría de vez en cuando en Estados Unidos. Se me encogió el corazón, como cada vez que aparece una noticia desgarradora en la prensa, pero por (mala) costumbre, fruto de la legalización de las armas en Estados Unidos, no le presté mucha atención. Sin embargo, la consternación no tardó en llegar. Empezaron a sucederse las noticias, de otros tiroteos, de explosiones suicidas, etc. Empezó a hablarse de un atentado terrorista y la cosa empezó a "ponerse seria" . 

Bien es verdad que cualquier muerte, por el motivo que sea, cuenta y que debería apenarnos por igual. Pero cuando se trata de atentados terroristas, de personas que por motivos políticos o religiosos deciden arrebatarles la vida a personas (inocentes), la cosa nos afecta más. Y pongo la palabra "inocentes" entre comillas porque, bajo mi punto de vista, las manos de nadie deberían acabar con la vida de un tercer individuo, sea culpable de algo o no. 



Volviendo a los hechos ocurridos hace apenas 24 horas en París... No creo que sea necesario hacer un repaso a lo sucedido porque creo que, a estas alturas, ya todo el mundo sabe lo que ocurrió. Varios ataques terroristas unos detrás de otros, cuya sucesión nos recordaba las explosiones en las tres estaciones de trenes del 11M; o el choque del segundo avión contra la Torre Sur del World Trade Center de Nueva York que prácticamente todo el mundo siguió en directo el 11 de Septiembre de 2001. Episodios y sucesos recientes que nuestros hijos estudiarán en los futuros libros de historia. 

El caso es que esta mañana mi muro de Facebook y de otras redes sociales amanecían divididos en tres bloques. El primero, en el que se situaban prácticamente la gran mayoría de personas, formado por aquellos que seguían consternados por la masacre de París, cuyas víctimas mortales iban en aumento; creciendo a medida que se iban conociendo más detalles y la preocupación y alarma social comenzaba a ser mayor. Por otro lado, estaban aquellos que se dedicaban a apuntar que, aunque lo ocurrido en la capital gala haya sido una gran tragedia, no es peor que lo que está ocurriendo en los países en guerra, a cuyos refugiados les "cerramos" las puertas de nuestros países. Y, por último, los que recordaban que justo el día anterior, en Beirut (Líbano), había tenido lugar un doble atentado suicida que había dejado 41 muertos y más de 200 heridos, destacando que ningún medio de comunicación se había hecho eco de esta noticia.  


Si me preguntáis acerca de mi punto de vista, aunque no creo que sea relevante pues todas las opiniones son igualmente válidas y dignas de respeto, pienso que todos tienen razón. Y que unas opiniones no están (en teoría) reñidas con las otras. Como comenzaba diciendo, todas las vidas humanas y, por tanto, todas las muertes deberían de ser tratadas por igual, por lo que no tiene sentido que nos apenemos tanto por la tragedia francesa y que lo sucedido en Beirut no merezca ni un segundo de nuestra atención. Bien es verdad que en esto influyen dos factores: en primer lugar, la cercanía tanto física como emocional que tenemos con nuestro país vecino (y con el mundo occidental en general); y, en segundo lugar, los medios de comunicación. Después de bastantes años dedicados al estudio de los mass media y con un Master en Realización de TV por delante, puedo decir -por si todavía hay alguien que no lo sabe- que son éstos los que deciden qué es lo que importa en la sociedad y qué es lo que no (la bien llamada función gatekeeper de la comunicación). Es muy sencillo: si nos muestran lo que ocurre y le dan mucha importancia, sufriremos con ellos y por ello; mientras que si no lo muestran o si no le dan tanta importancia en sus parrillas o en los contenidos de sus informativos, acabaremos por obviarlo y no nos afectará tanto personal ni emocionalmente. 


Por último, creo que no hace falta que añada, con lo dicho anteriormente, que creo que aquéllos que tachan de hipócritas a quienes están totalmente en contra de que entren refugiados pero se solidarizan totalmente con los parisinos y la comunidad francesa también tienen su parte de razón: éstos vienen a nuestros países huyendo de lo mismo que ha ocurrido en París, pero con la diferencia de que en sus países ocurre con mucha más frecuencia. He llegado hasta a leer comentarios "para qué los vamos a dejar entrar si luego comenten actos terroristas", haciendo referencia a uno de los asaltantes de la sala de conciertos, que entro al país como refugiado, que ha hecho que me hierva la sangre. Una vez más, ¡no generalicemos, por favor! 



Y estas imágenes son el más claro ejemplo de que no hay que caer en la generalización. No todos los musulmanes apoyan los atentados ocurridos en París. De la misma manera que no todos los vascos apoyan los actos terroristas de ETA. Por lo que debemos evitar fomentar el odio hacia la comunidad musulmana en general, ya que sólo los extremismos son peligrosos.  

También he visto varias veces la frase "veo humanos, pero no veo humanidad" en las distintas redes sociales. Y en un primer momento, me ha parecido totalmente cierta. Hasta me han entrado ganas de llorar al pensar en la poca humanidad que tienen algunas personas que son capaces de cometer crímenes como los de anoche en la capital parisina. ¡Qué sangre más fría! Sin embargo, viéndolo con perspectiva, esa aseveración es una generalización que, bajo mi punto de vista, no es nada cierta. Todos somos humanos y los que estamos contra ello somos muchos más. Todos los parisinos se volcaron para ayudar a los que estaban por la calle, ofreciéndoles sus casas y ayudándoles en todo lo que necesitaban (bajo el hashtag de #PorteOuverte) y no hay mayor muestra de que todavía queda  humanidad que ésa. Seguida, en el resto del planeta, de una gran cantidad de concentraciones pacíficas (con el lema #JeSuisParis), así como de la gente que ha peregrinado durante el día de hoy a los distintos lugares de los hechos para dejar flores y/o rezar una oración en recuerdo a las 129 víctimas (a la hora de escribir este artículo). ¡Y, señores, eso es humanidad!

Como también los son las banderas a media asta, los minutos de silencio y la iluminación en de los principales monumentos de todo el mundo en azul, blanco y rojo, que contrastaban con una Torre Eiffel en negro (una de las cosas que más me ha impactado). La ciudad de la luz se apaga; y el resto se encienden. Humanidad han sido también todas las muestras de apoyo que se han hecho, tanto ciudadanos de a pie como grandes personalidades, a través de la televisión o de las distintas redes sociales. En Facebook, por ejemplo, gran parte de los usuarios ha decidido cambiarse su foto de perfil o ponerle un filtro tricolor a su foto de perfil, que simboliza la bandera gala. Aunque Facebook -que es una empresa global- también esto ha recibido críticas por ello, pues se le tacha de "apoyar una visión del mundo en la que sólo preocupan las muertes de ciudadanos occidentales", ya que a nadie se le ha dado "la opción del filtro con la bandera del Líbano" (podéis leer uno de los artículos que critica esto aquí). 

Y, en parte, también estoy de acuerdo con ello. Bien es verdad que es normal que a todos nos impacte más un atentado en París, que uno en el Líbano, por -como decía antes- motivos de proximidad y similitudes; sin embargo, también echo en falta que los medios de comunicación (que son lo únicos que tienen el poder para hacerlo) nos hagan adquirir progresivamente una mayor conciencia social y nos ayuden a empatizar más con los ciudadanos de los países situados fuera de las fronteras de Europa y Norteamérica. Y más ahora que vivimos en un mundo globalizado e interconectado. Yo, en lo que a mí respecta, espero formar parte de ese proyecto. 


Muy ilustrativo a la hora de ver la importancia que le dan los medios a cada país.

Y antes de dejar a un lado el tema de los medios de comunicación, he de decir que también he leído duras críticas hacia los grandes grupos de comunicación españoles, por una deficiente cobertura en directo de los sucesos el viernes por la noche, haciendo prevalecer los contenidos ya preparados (por motivos, obviamente, económicos) a la actualidad que pedía atención a gritos desde la capital francesa. Aquí os dejo un artículo al respecto, ya que no os puedo hablar en primera persona porque no seguí los sucesos por la televisión (sino por internet y redes sociales). Parece que sólo La 2, de RTVE se salva de la quema. 

Y hasta aquí la entrada de hoy. Necesitaba hacer (aunque fuera para mí misma) esta reflexión, una recapitulación de los hechos. Y no me gustaría despedirme sin antes publicar una fotografía de Robert Doisneau que creo que hoy es día de recordar. El beso de Hôtel de Ville, ya que los que me conocéis sabéis que París es para mí... algo especial. Y me han dado donde más me duele.  


"Faites l'amour, pas la guerre"

Carmela
"Matar a un hombre para defender una idea; no es defender una idea, es matar a un hombre"




lunes, 9 de noviembre de 2015

De Madrid al cielo

¡Primera entrada desde Madrid! Aunque ya he estado tantas veces por aquí antes de instalarme, que ya me siento como en casa. Casi como cuando llegué a Bruselas para empezar el Erasmus, que la había visitado ya tres veces... ¡y casi me la sabía de memoria! Aunque con Madrid eso es un poquito más difícil porque es bastante más grande. 


Llegué a Madrid el viernes (qué rápido pasa el tiempo, si parece que fue ayer cuando cruzaba el charco) y escribo hoy después de mi primer fin de semana como madrileña. Las mudanzas siempre son un horror, pero afortunadamente para mí esta vez el trayecto se pudo hacer en coche. ¡Y con la compañía del papi! Así que... no se hizo tan pesado. Salimos de Valencia el viernes a las ocho y tres horitas y media después llegábamos a la capi. Y bueno, ese mismo día arreglé la habitación, vacié maletas (11 bultos -mejor evito la foto-) y comencé a decorarla (bueno, a acabar de decorarla, porque ya había comenzado a dejar cositas las veces que había ido viniendo). 

Primer anochecer como madrileña.

Fui pegando posters, sacando fotos, muñequitos y detallitos; y ahora está totalmente decorada y me siento súper gusto. Aviso: estoy en Madrid, pero por la decoración podría estar totalmente en Estados Unidos. Y es que... sigo echándolo de menos. ¡No os podéis ni imaginar la cantidad de mapas y postales de los States que tengo en la habitación! "USA, everywhere... como era de esperar", me dijo mi prima cuando le pasé las fotos de la habitación decorada. Y así es... Pero además hay fotos y postales de muchos otros lugares del mundo. Como no podía ser de otra forma... para mí, que me gusta tantísimo viajar. #wanderlust #eslomejorquetepuedepasar

El corcho de mi habitación en Valencia.
Y, respecto al resto de la casa, la verdad es que me encanta. Es muy acogedora y tiene todo lo necesario. Mis compañeras de piso y amigas también genial. ¡La convivencia perfecta! Y en cuanto a la vida en la capital... estupenda. ¡Aunque en ocasiones un poco agobiante, la cantidad de gente que hay! Y dicen que es así siempre... pero es que es imposible pasear por el centro de Madrid. ¡Hay casi más gente que en Nueva York! No sé si es porque allí pasean menos, o porque Manhattan es más grande y la gente está más repartida! Pero es alucinante... No me arrepiento para nada de no haber elegido al final el piso de Gran Vía. Donde estoy ahora es mucho más tranquilo, muy bien comunicado y a un paseíto del centro. ¡Me encanta! Y de paso así ando... mientras espero la tarjeta del gimnasio. Aunque, Madrid es la ciudad de las cuestas. No tanto como San Francisco, pero espero acostumbrarme pronto (que ese es el único punto negativo que le veo a esta ciudad, de momento). 

La avenida que está justo al lado de mi casa.

Respecto a las amigas, ya comenté que conocía casi a más gente aquí en Madrid que en Valencia ya. Porque casi todos estamos emigrando hacia las grandes capitales (de mi grupo de seis amigas, tres ya estamos en la capi; y sólo una se ha quedado en valencia). Y es que en el círculo de gente que yo me muevo, ya que los trabajos en el mundo del audiovisual tienen lugar aquí. Este fin de semana ya he empezado a quedar con gente... ¡y también me he encontrado, entre la multitud, con dos amigos! ¡El mundo es un pañuelo! Y muero de ganas también por conocer gente nueva... 

Con Alba en Cibeles después de una gran caminata.

Reponiendo fuerzas en la Mallorquina (Pta. Sol).

En la cena de inauguración del piso con Nerea, amiga y exerasmus en Bruselas. 

Hoy ha sido el día de la Almudena, patrona de la ciudad y fiesta en Madrid Capital... y la verdad es que aunque no hemos hecho nada en especial, ha sido muy curioso ver por primera vez a chulapos por la calle. Bailando con las mujeres con claveles en el pelo y mantón de Manila! 




Ayer fuimos a la catedral, la vimos por dentro, y entre ésta y el Palacio Real estaba la imagen de la Almudena con flores. Una especie de ofrenda, pero en pequeñito. 




Hemos ido descubriendo lugares para cenar como Madrid Madriz (en la calle Fuencarral) que está muy bien. Y salimos por la Latina y Malasaña. ¡Me faltaron clásicos como tomarme una palmera en la Mallorquina o un tinto de verano y unas tapas en El Tigre! Pero bueno así (y gracias a algunos paseos matutinos por diferentes barrios de la ciudad) ya me voy conociendo más zonas, aprendiendo la línea de metro y relacionando estaciones con barrios y lugares. Siempre había querido vivir aquí... y por ahora las ganas van en aumento (aunque todos sabemos que tiene una gran competidora), pero de momento la verdad es que Madrid no decepciona. Y menos en Otoño, que es la mejor época del año... ¡Es preciosa! #deMadridalcielo #yesperoqueasísea

Hamburguesa Madrid Madriz.



Y, ¿qué mejor momento que llegar a Madrid que el mismo día que se cumplen 149 años que se instaló el reloj de la Puerta del Sol? Eso es una señal de que tenemos que pasar el fin de año en la capi. 



Por lo demás, mañana, tras un descanso de tres largos meses empiezo el master (¡qué nervios!) y sigo trabajando en el blog y en Estados Unidos. Así como ayudando y resolviendo dudas de nuevas chicas Au Pair o gente que quiera buscarse la vida al otro lado del charco. El día 16 se va la primera chica de la que he sido embajadora... ¡qué ilusión! Me encanta formar parte del inicio de esta gran aventura, que seguro que cambiará sus vidas... 

Y antes de acabar, me gustaría darle las gracias públicamente a alguien sin el que esto no hubiera sido posible. 

Papá. "Lo conseguiremos". 
Alguien que siempre ha estado ahí, por muy feas que se hayan puesto las cosas; y a quien le he dado alegrías y sustos y disgustos por igual, pero que a pesar de todo... lo quiero más que a nadie y me hace sentirme muy orgullosa de él. ¡Aunque no siempre se lo diga! Y es que, gran fallo muy común, no solemos decir "te quiero tantas" veces como hace falta.  


Un beso desde la capi
C.
Dreams must go on!

Una felicitación que siempre recuerdo.













PD: Espero que los madrileños hayáis pasado todos un feliz día de la Almudena; y que los demás, hayáis tenido un muy buen inicio de semana. ¡Buenas noches y a por el martes (y yo, el master)!

En el festival del cole, vestida de madrileña. 
PD2: Pronto crearé un apartado "Madrid" para contar también mis vivencias por aquí, en busca de un trabajo en el mundo de la televisión y el cine -siempre persiguiendo también la vuelta al sueño americano-. Que parece ser que esto promete. Ahora sí que sí, bye bye vacaciones... Volver a empezar, otra vez. 

Entrevista para CNO, una televisión italiana



¡Seguimos cruzando fronteras! Aquí os dejo el link de una entrevista que nos hicieron a Melissa y a mí en una televisión italiana acerca de nuestra experiencia como Au Pair en Estados Unidos. Muchísimas gracias a la reportera más dicharachera del canal Alba Hernando. ¡Esperamos que os guste!

http://www.cno-webtv.it/valenciade-la-spagna-va-in-america/


martes, 3 de noviembre de 2015

La vuelta... y planes de futuro

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé, ¡y mira que he pensado veces en hacerlo!  Pero, a diferencia de las otras veces que lo que no tenía era tiempo, ésta vez lo que me faltaban eran (un poco) las ganas. Es la primera vez que voy a escribir (largo y tendido) después de dejar Nueva York y volver al mundo de los mortales, así que preparaos que creo que se avecina una larga entrada. ¡Han pasado taaantas cosas! 

Pero bueno, comencemos. La verdad es que hasta hace un par de semanas la vuelta a la "normalidad" se ha hecho bastante llevadera. Al volver a finales de julio, en pleno verano, la rutina y el no tener nada que hacer (propio de la ni-ni en la que me he convertido hasta principios de noviembre) no me han golpeado tan fuerte. Volver en una época en la que tanto la familia como los amigos tienen tiempo libre lo facilitado todo, pues estar activa casi todo el tiempo significa tener poco tiempo para pensar en lo que acabábamos de dejar atrás (porque para qué engañarnos... cuando te acuerdas, duele). 

Volver en verano significa también volver en tiempos de reencuentros. Los pueblos están en fiestas y la gente vuelve a casa por vacaciones y sale a la calle (y a las verbenas) a celebrarlo. Por eso, he tenido la suerte de ver a muchísima más gente de la que podría haber visto en otra época del año y estoy súper contenta por ello, ya que chicas que volvieron durante el curso me ha dicho que se hace súper pesado. A decir verdad, creo que éste ha sido el verano que más he salido... quizás lo haya hecho por estar entretenida, o quizás podamos echarle la culpa al Jet Lag, que me tenía despierta hasta altas horas de la madrugada (y que a decir verdad, tampoco hice nada por evitarlo!). Un Jet Lag que me lo hizo pasar fatal los primeros días y que me llevó a cambiar la noche por el día y que se prolongó prácticamente hasta principios de septiembre. 

Pero bueno, el final de Agosto llegó y, con él, acabaron unas fiestas de diez y dejaron paso a la "rutina" del no tener nada que hacer. Y así estoy ahora. He pasado a formar parte de la gran comunidad "ni estudio-ni trabajo", aunque sólo temporalmente, hasta que empiece en noviembre el master en Producción de TV en Madrid. Y, aunque no tener nada que hacer pueda ser -en ocasiones- un poco desesperante, me recuerda al motivo por el que me fui a USA y me hace preguntarme ¿por qué estás aquí?; la verdad es que tener tiempo libre me está viniendo muy bien a la hora de  organizarme de cara el año que viene (y es que buscar piso en Madrid es una PESADILLA). Además, me he vuelto a poner con el TOEFL (¡Fulbright y La Caixa allá voy!) y hemos recibido una visita súper esperada de la mexicana más molona de todo Nueva York, así que el no tener nada que hacer me está permitiendo pasar tiempo con ella y enseñarle nuestra ciudad (y costumbres).

Respecto al año que viene, tengo varios proyectos en mente. Tanto académicos, como profesionales. Además, voy a darle un giro al blog (pronto os contaré qué es) y me he convertido en Embajadora de Au Pair in America, lo que significa que si queréis vivir esta experiencia, puedo contaros mi experiencia personalmente, poneros en contacto con APIA y sus entrevistadoras, y ayudaros con los trámites, el papeleo y la entrevista. Así que no dudéis en poneros en contacto conmigo, si necesitáis consejo o ya si ya os habéis decidido. Dejadme un mensaje en el blog o escribirme a periodistaennuevayork@gmail.com poniendo AU PAIR en el Asunto del mensaje. Y si tenéis cualquier otra duda con respecto a la vida en Estados Unidos, tampoco lo dudéis y escribidme.  

Y bueno... después de todo esto, ha llegado el momento de hablar lo que realmente ha supuesto la vuelta para mí, ahora que llevo aproximadamente un mes y medio de regreso en España (¡qué triste es contar ya en negativo!). La verdad es que al principio, como decía antes, entre que estaba saturada, cansada por el jet lag y con ganas de ver a la gente no se me hizo muy cuesta arriba. Sin embargo, desde el día 11 de Septiembre, ya sumergida de nuevo en la rutina y al ver en la tele el aniversario del 11S (9/11), me hizo recordar que el año anterior lo había estado viviendo en primera persona y comencé a sentirme un poco homesick -al darme cuenta, una vez más, que durante todo el año pasado había estado viviendo en LA CIUDAD, el centro del mundo-. La ciudad, que con su historia, ha marcado a todo el mundo. 

Recuerdo que todo el mundo me preguntaba si tenía ganas de volver a España. Yo contestaba que sí, que obviamente tenía muchas ganas de ver a la gente y de pasar las vacaciones en casa, pero que ya no imaginaba mi vida al lado derecho del Atlántico. Ahora, la gran mayoría han invertido la pregunta: ¿volverás a Estados Unidos? ¿A Nueva York? Y, señores, la duda ofende. Sigo pensando que New York ha sido, es y será la ciudad de mi vida y mi casa (ya que "home is where the heart is"). 

La vida puede dar muchas vueltas, por lo que nunca se sabe si los planes que tienes hoy serán los mismo que tendrás en unos años o incluso en unos meses... ¡Sino que me lo digan a mí que hace un año pensaba que en estos momentos estaría todavía por Nueva York! Por eso, no sé decir a ciencia cierta qué lado del Atlántico estará mi vida en unos años (afortunadamente en unos casos y desafortunadamente en otros, los planes y las aspiraciones cambian a medida que va pasando el tiempo). No obstante, sí puedo decir que a día de hoy mi idea es volverme a USA en un plazo que va entre el año y medio y los dos años a realizar hacer unas prácticas, trabajar o a hacer un master. No sé durante cuánto tiempo, ni sé si finalmente eso sucederá, pues... no sé si mi vida dará un giro de 180 grados o encontraré trabajo en España (¡espero que el master ayude!), lo que sí sé es que a día de hoy mi idea es volverme para acabar de formarme... Y si al final, por algún motivo, eso no lo puedo hacer... Siempre volveré de visita, porque siempre me quedará Nueva York

De momento, estoy ilusionada con mi nueva vida en Madrid, aunque también impaciente por empezarla ya. Y es que, aunque me da muchísima pereza ponerme a hacer maletas, despedirme y comenzar con cajas y mudanzas otra vez, tengo ganas de tener una rutina establecida, un piso en el que vivir (y acabar ya con la ansiedad que la búsqueda me provoca), y todas esas pequeñas (pero grandes) cosas que por no estar aquí el resto del año todavía no puedo tener. 

...UN MES Y MEDIO DESPUÉS:

Retomo la actualización mes y medio después de haberla comenzado. A tres días de partir hacia la capital española para comenzar una nueva aventura. Ya os dije que iba a ser complicado resumir todo lo que había ocurrido en los últimos meses sólo en un día, y también que me costaba mucho ponerme a escribir acerca de la vuelta a España. De hecho, no leí las cartas de despedida de mis amigas hasta que estuve en la cola de embarque. Incluso todavía me queda alguna por escribir (pero todo llega). Dejar NY ha supuesto un duelo casi parecido al de dejar una relación... depresión eterna. Cualquier cosa te recuerda a ello, y es que New York City está por todos los lados, mires donde mires.

Respecto al vuelo de vuelta, la verdad es que fue bastante llevadero. Y eso que no pude dormir (y mira que lo necesitaba). Me lo pasé entero viendo películas, pensando en Nueva York y con ganas de ver a la gente que me esperaba en el aeropuerto. Conforme más tiempo de vuelo llevábamos más avanzábamos y más horas sumábamos. Íbamos en busca del sol, dejando atrás una luna llena que nos despedía en Nueva York y que todavía estaba fuera para recibirnos cuando llegamos a Madrid. Todo idílico hasta que en Barajas me hicieron abrir toda la maleta de mano porque a la mujer del control (aparentemente 'desfaenada'), le parecieron sospechosos mis collares. Después de un minienfado por un comportamiento typical Spanish, cogimos un vuelo de media hora que nos dejó en Manises. Ya en Valencia, familia y amigos me esperaban con una preciosa pancarta.



Sigo contando cosas pero es que no puedo llegar a Madrid sin haber acabado esta entrada, ya que tengo nuevos proyectos que hacer con el blog durante esta nueva etapa. Una etapa que comenzará el próximo día 10 (en sólo una semana) cuando dé comienzo el master en Producción de Televisión, que voy a hacer en el instituto de comunicación de TRACOR y en la Universidad CEU San Pablo. A diferencia de lo que os escribía en la primera parte de la entrada, ahora estoy mucho más tranquila, porque hace ya bastante tiempo que tengo las llaves del piso. ¡Y me muero de ganas por llegar y empezar a convivir con mis compañeras: Erasmus 3.0!

Encontrar piso fue una locura, una odisea, y casi me vuelvo loca. Pero, afortunadamente, de eso ya no hay que preocuparse. Ahora lo que me preocupan son las maletas. ¡Como siempre! ¡Cómo no! Y aunque esta vez no tenga que preocuparme por el peso (voy en coche), me ha dado muchísima pereza ponerme con ello. No obstante, al haber estado ya tres o cuatro veces en la capi desde que volví, y haber visto la vidilla que desprende, me he ido animando y ahora estoy como loca. Con ganas de empezar a tener una rutina (con las clases, el gimnasio y demás) y a volver a hacer lo que me gusta.  ¡Menos mal que decidí hacer el master! Aunque no sé cómo voy a llevar el volver a estudiar, después de casi año y medio sin pisar un aula.

Además, tengo en mente seguir vinculada con USA, mediante el blog (aún quedan muchas cosas que contar de la ruta y del año allí), a través de la Embajada, de la asociación Fulbright y haciendo amigos americanos (ya que hay muchísimos Auxiliares de Conversación trabajando aquí en España). De hecho, en Septiembre, la primera vez que fuimos a Madrid, a buscar piso y a enseñarle la ciudad a Meli, conocimos a más americanos que Españoles. ¡Y lo pasamos genial! Qué guay volver a hablar American English...

En Valencia, todo ha seguido igual. Como ya os comentaba al principio de la entrada, tuvimos la suerte de tener a Meli aquí casi mes y medio, por lo que al principio los días de ni-ni pasaron bastante entretenidos entre turismo y compras. Sin embargo, desde el día que la dejamos en el aeropuerto, el tiempo libre se apoderó de mí y con él empezó a acabar el verano más largo de mi vida. Y aunque no hacer nada tiene su parte positiva, he podido coger fuerzas para el año que me espera como masterizada (el autocorrector me lo cambia a martirizada, espero que no sea ninguna señal); también he tenido mucho tiempo de aburrirme y de echar de menos. Sobre todo de esto último.

Echo de menos la independencia total de la ciudad que nunca duerme, el metro las 24 horas del día, el vivir sola, que las tiendas y los restaurantes no cierren nunca. Cuesta acostumbrarse a todo eso y más, cuando a lo bueno te acostumbras tan rápido... No obstante, estar de vuelta tiene también muchas cosas buenas y es que aquí todo el mundo te conoce; y siempre encuentras a gente con quien compartir tu tiempo libre. Algo que me ha quedado pendiente este verano es la realización de un vídeo de la ruta y otro de todo el año (así como un álbum de Hoffman), aunque lo tengo en mente y lo compartiré en cuanto lo haga para que lo veáis.


Hablemos ahora de Estados Unidos, de lo que echo en falta, y del proceso de adaptación que he necesitado una vez ya aquí, de vuelta en la 'terreta'. Y es que a pesar de haber cogido prestado durante todo el verano el hashtag de Amstel #lotuyosiempremolamás, no acabo de interiorizarlo del todo. Y es que, sigo pensando, que si hay algo malo acerca de la experiencia de haber vivido en Nueva York, es que ésta no dura para siempre. ¡Y que pasa muy rápido! Creédme... Hay todavía muchas cosas que me traería hacia este lado del Atlántico. Muchas de ellas están empezando a venir por sí solas a nuestro país, como Netflix (al que ya me he enganchado) o el súper-súpermercado Costco (donde todo es GIGANTE). Y es que, si Mahoma no va a la montaña, la montaña tendrá que ir a Mahoma.

Y hablando de supermercados, también echo mucho de menos ser mildolarista. Porque eso ha desaparecido, pero el consumismo que me enseñaron los States lo sigo conservando. Me he tenido que 'unsuscribe' de todas las marcas que día a día me enviaban apetitosos descuentos del 70% (y que en Nueva York acababan ya el martes con mi sueldo de la semana). [Consejo para futuros residentes en USA: si tenéis que volver no compréis muchas cosas. Hasta 1000 dólares he visto pagar en equipaje facturado para traer cosas de vuelta]. 

A nivel personal, muero de pena cada vez que mi Host Mum sube fotos de mis niños al Facebook. O cuando éste me recuerda que estaba haciendo tal día como hoy, hace un año, y me salen las miles de publicaciones que ponía al día contando mi vida al otro lado del charco. Y si durante los últimos días en USA, mi cerebro intentaba bloquear cualquier pensamiento respecto a que iba a abandonar el país y sólo dejaba pasar el tiempo; ya de vuelta en España se encargó de bloquear gran parte de los recuerdos de mi vida por allí. Y eso que mira que a mí me gusta pensar... pero ver como con el paso del tiempo nuestra sonrisa se iba ensanchando, cuando ya no puedes estar ahí, pica. Sin embargo, llegó el momento de ordenar las fotografías de cara al montaje del vídeo... y futuras actualizaciones. ¡Y mira que hay! De algunas (preciosas) ni me acordaba y cada vez que veía una de ellas moría de la nostalgia, de la misma manera que me pasa cada vez que veo una película basada en NY o en LA (o en cualquier lugar de los States). Y con esto no quiero parecer súper trágica... Sólo quiero que a las que os vais -y también a los que os quedáis- os sirva para disfrutar a tope de cada momento, porque es único e irrepetible. Y eso es algo que también me ha enseñado esta experiencia.  

No obstante, no quiero dar a entender que estoy triste por estar de vuelta. Como decía antes, estar aquí tiene también muchas cosas buenas, pero es complicado levantarse cada día y tener que recordarte  a ti misma que tu sueño, no fue sólo un sueño. Sino que lo viviste de verdad. Y que, acto seguido, las ganas de viajar en el tiempo y/o teletransportarte te invadan. De todas maneras, estoy muy feliz con mi vida aquí. Y es que aunque a día de hoy las cosas hayan cambiado, haya dicho adiós a algunas personas (que falta me hacía) y otras hayan llegado para quedarse; la vida es eso: son ciclos, son etapas. Y el cambio trae progresos. 

Respecto a la adaptación de la que hablaba al principio, voy a enumerar las cosas españolas a las que más me ha costado adaptarme... aunque ahora ya estoy totalmente acostumbrada. Ya sabéis eso que dicen de que tardas 21 días en crear un hábito. 

- Yo creo que la principal diferencia está en la conducción. El cambio del automático (por el que declaro públicamente mi amor) al manual. La vuelta a las rotondas. Hace tiempo os contaba que en USA no existen, sólo el STOP ALL, que se resume en: el que primero llega, pasa primero. Algo que como españoles sabréis que es algo totalmente inviable en nuestro país. Además, en Estados Unidos las velocidades máximas permitidas son súper bajas, por lo que también me ha costado coger velocidad en carreteras y autopistas, ya que en USA en estas últimas la velocidad máxima es de aproximadamente 90 km/h.   

- Cuesta también que las cosas no abran 24 horas. Aunque eso es algo que sólo nos ha consentido Nueva York (y hay quien dice que conocer NY no es conocer USA, ya que es un universo paralelo). 

- Cuesta acostumbrarse al cambio horario. A que tus amigas vivan ahora en otro uso horario y a descontar las seis horas del revés (si hablamos de la costa Este). 

- Cuesta acostumbrarse a que tus historias más recientes no las has vivido con los que ahora te acompañan y que haya situaciones graciosas que haya que explicar, porque de otro modo no se entienden. Pero bueno, es bonito contarlas y recordarlo. Aunque también resulta extraño comenzarte a reír al oír una palabra y que nadie sepa de qué va. 

- Cuesta acostumbrarse a que la ropa sea cara. A dejar de ser consumistas. Aunque agradecemos que el precio del cine y de la comida (y de ZARA) haya bajado; así como la desaparición de las taxes y las tip. Que no haya que sumarle el 8% al precio de todo lo que compres y que las cosas valgan una cifra redonda. Bye, cents. 

- En verano, costaba acostumbrarse a que hiciera calor en todos los sitios,  ya que por si no os lo he dicho nunca, los americanos están LOCOS con el aire acondicionado. Casi hace más frío dentro de una tienda en verano que en invierno. 

Y, bueno, ya voy acabando. Pero antes he de hablar (una vez más, sí) de todo lo que esta experiencia ha supuesto para mí y en qué sentido me ha cambiado. Vivir en Nueva York ha supuesto para mí un punto de inflexión entre mi yo de antes y mi yo de ahora. Me ha devuelto una felicidad que poco a poco los acontecimientos y (para que negarlo) yo misma me había ido quitando. Por eso, la estancia ha significado tanto. No tiene tanto que ver con las dimensiones de la ciudad o lo maravilloso que todo parece ser allí (ya os avanzo que no siempre lo es), sino con que me ha servido para reencontrarme conmigo misma y para darme cuenta de lo que amo y por lo que quiero vivir. No obstante, quiero pensar, como ya he dicho en otras ocasiones, que el cambio no está tanto fuera -en la ciudad- como dentro -en mi persona-. Y que esa felicidad vendrá conmigo vaya donde vaya. Y, de momento, así está siendo, ya que no hay mejor sensación que la de sentirse realizada después de mucho trabajo. Y si la finalidad era encontrar la felicidad, pues ya no puede ser mejor.  



Y con esta imagen empiezo a despedirme por hoy (prometo que no pasará mucho tiempo hasta mi próxima entrada). Esta imagen fue la que me animó a dejarlo todo y a decidirme a buscar cosas nuevas, entre ellas a mí misma. Gracias a esas palabras os he podido ir contando lo maravilloso de esta experiencia... que sí, ha sido mágica. 

Y es que al principio cuesta dejar tu zona de control. Apostar todo lo que tienes por lo que puedes conseguir. De ahí el mal dicho ese de "más vale malo conocido, que bueno por conocer", que dicho sea de paso no estoy nada de acuerdo con él. No obstante, con el tiempo y la práctica, el miedo a abandonar esta zona es cada vez menor y te atreves con riesgos mayores, que poco a poco van cambiando y haciéndote a ti, dueña de tu vida (en mi caso, primero fue Bruselas y luego... Nueva York. ¿Qué será lo próximo? Se abren las apuestas...). Por eso os animo a todos a tomar riesgos, a abandonar la zona de control. Life is waiting. 

Para mí, irme a Nueva York ha sido la mejor decisión que he tomado nunca. Igual que para todas las personas con las que he compartido esta experiencia. Todas nos fuimos a NYC porque sentíamos que vivíamos en un mundo en el que, en aquel momento, no encajábamos. Por eso nos entendimos tan bien desde un primer momento. Muchos motivos, una escapatoria: NY, la ciudad de los sueños. Parafraseando la intro del Titanic: "Llamaban (a NYC la ciudad) de los sueños y lo era, realmente lo era". Dudo que haya lugar mejor para comenzar una nueva vida cuando eres joven, o para luchar por lo que realmente quieres ser. Dudo que haya en el mundo una ciudad más mágica. Y abandonar la zona de control para alcanzarla, es un plan más que justificado.

Y, ahora sí, para acabar os dejo con la canción con la que me despedí de Nueva York, la que hice sonar en mi pantallita cuando despegaba el avión. No se me puede ocurrir banda sonora mejor, para ese momento en el que sentí que, literalmente, con la fuerza del despegue algo se partía dentro de mí y se quedaba allí para siempre. Hace tres meses que estoy de vuelta y todavía siento un poco de homesick neoyorquino. Algo que no sentí en ningún momento al llegar allí, con respecto a España, así que... una vez más: Home is where the heart is.   



Tengo nuevos proyectos en mente relacionados con el blog y con USA. Pronto una entrada donde hable de todo eso. De momento avanzar que voy a trabajar como Ambassador, con la idea de ayudaros a tomar esta decisión para que luego me matéis de envidia cuando vea vuestras fotos; y que voy a darle un giro al blog en el que os seguiré contando experiencias en USA pero también muchas otras cosas relacionadas con la vida y el trabajo allí. Ah, y por supuesto el turismo. Y es que, como tantas veces he dicho, mi idea es volverme hacia los States... así que voy a tener que hacer periodismo de investigación para conseguir la forma de hacerlo. ¡Os lo iré contando también! Por si os puede ayudar. Por ahora he entrado en el sorteo de la Greencard Lottery de 2015, la única lotería que mataría por que me tocara. El gobierno sortea al año varios permisos de trabajo para extranjeros. Y no es un mito... ¡conozco a gente que le ha tocado! Y es que, si no nos casamos de alguna manera habrá que conseguir los papeles. Y no, no os riáis que conozco a muchas Au Pairs que se están casando... ¿Matrimonio de conveniencia? Próximamente...